

Sí, la velocidad y la saturación visual dominan la experiencia del arte contemporáneo, especialmente en la Ciudad de México. Es por ello que la muestra colectiva “Más flores, más amor” organizada por Racanska Galería propone algo radicalmente distinto: detenerse. Concebida como un espacio de contemplación y reconexión, la muestra reúne a una diversidad de artistas bajo un gesto común —el florecimiento— entendido como una metáfora viva de los ciclos, la fragilidad y la persistencia.
Lejos de lo decorativo, las flores operan aquí como un lenguaje. “Las flores son un símbolo de persistencia, fragilidad y transformación”, señala Anna Sofia Racansky, detrás de la galería y a cargo también de la curaduría, que articula un recorrido a través de pintura, escultura, instalación, fotografía y diseño. El resultado es un paisaje emocional que invita a mirar hacia lo esencial: aquello que, incluso en lo cotidiano, sigue latiendo.

En el contexto actual, esta aproximación adquiere una resonancia particular: Las flores han sido históricamente parte del imaginario cultural de México y la región, atravesando rituales, celebraciones y formas de memoria. En ese sentido, la exposición no solo dialoga con una tradición simbólica profundamente arraigada, sino que la reactiva desde un lugar contemporáneo. “En México, donde las flores forman parte profunda de la identidad cultural y simbólica, la exposición adquiere una resonancia ligada a los ciclos, la memoria y la celebración de la vida”, apunta Racansky.

El proyecto toma forma como un pop-up que surge de la colaboración entre Racanska Galería y Mono Galería, una alianza que responde a afinidades tanto estéticas como curatoriales. Más allá de la exhibición en sí, esta sinergia pone en evidencia una de las dinámicas más relevantes del ecosistema artístico actual: la creación de redes que amplían la visibilidad de artistas —tanto consolidados como emergentes— y fomentan nuevos encuentros con el público.
La selección de obras evita cualquier intento de estandarizar y reducir a solo flores. En su lugar, apuesta por una coherencia conceptual que permite que cada artista conserve su voz. “En lugar de buscar uniformidad, se priorizó la coherencia conceptual”, explica Racansky.
Así, nombres como Flordelolvido, Dirty Napkin, Wchaput Studio, Santiago Pani, Miguel Cuauhtémoc, Moisés Zonana, Olya Dubatova, Jordi Alós, Ricardo de la Torre, Ricardo Echeveste, Daniela Jacobo, Taquito Jocoque, Marsseia, Rolando Calderón, Alejandro Glatt, Marco Kalach y la obra de la misma Anna Sofía Racansky, conforman una constelación de prácticas que, desde su singularidad, orbitan una misma línea: la necesidad de “volver a lo vivo”.

Esa diversidad se traduce en un recorrido donde lo orgánico y lo íntimo tienen un peso central. Hay en la muestra una voluntad clara de suavidad, “casi de ternura”, que se distancia de posturas más confrontativas del arte contemporáneo reciente. Sin embargo, esta aparente delicadeza no implica evasión. “La dulzura también puede ser una forma de resistencia y florecer es, en esencia, un acto natural”, afirma la curadora.
“Más flores, más amor” se abre como espacio de pausa: “Más que una postura crítica, la exposición plantea un espacio de pausa y suavidad y que florecer “es, en esencia, un acto natural”, explica Racansky.
Y en un presente marcado por la incertidumbre, la exposición recuerda que los ciclos continúan, que la vida insiste. Como las flores, que brotan sin pedir permiso, el arte aquí se convierte en un gesto silencioso pero persistente. Una invitación a mirar de nuevo, y a sentir distinto.
Hasta la primera semana de abril, 2026. Dirección: Aguascalientes 112. Colonia Roma.